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La obsesión por el algoritmo: el cuento de nunca acabar

Los algoritmos no son el villano que nos venden: son espejos. El problema no es lo que muestran, sino que nos miramos demasiado en ellos sin cuestionarnos.

Por Redacción TrivialChat · · 3 min de lectura

Los algoritmos no son el villano que nos venden: son espejos. El problema no es lo que muestran, sino que nos miramos de

Llevo años escuchando lo mismo: "Los algoritmos nos encierran en burbujas". Que si los feeds nos drogan con lo mismo, que si YouTube nos vuelve tontos, que si Netflix nos vende sueños de plástico. Todo muy bonito, pero ¿alguien ha parado a pensar que igual el problema no es el algoritmo, sino nosotros?

A ver, pongamos un ejemplo real. Imaginaos que sois de esos que solo veis fútbol. No el que sale en las noticias, el de los bares, el de las apuestas con los colegas. Pues bien, aunque no lo creáis, vuestro feed de Instagram os mostrará cada dos por tres un partido de la Champions con un jugador haciendo una rabona. ¿Magia? No. Simplemente, vosotros le habéis dado a "me gusta" a ese vídeo, aunque fuera por error. El algoritmo no os obliga a verlo: os lo pone delante como un plato que ya habéis pedido, aunque no lo recordéis.

Pero aquí viene lo grave: cuando ese mismo algoritmo os muestra un vídeo de un perro jugando al fútbol, lo borráis en dos segundos. "No es mi tema", decís. Pues enhorabuena, acabáis de alimentar al monstruo. Cada vez que rechazáis un contenido, le estáis diciendo al algoritmo: "No me interesa esto, pero sí lo otro". Y él, obediente, os lo da. Así de sencillo.

El error no es del algoritmo. El error es creer que la tecnología, por sí sola, tiene la capacidad de secuestrar nuestra atención. Como si fuéramos víctimas pasivas de un sistema. ¿En serio? Si un algoritmo supiera qué quieres ver antes de que tú mismo lo sepas, ¿no sería eso señal de que ya lo sabías tú primero? La tecnología no nos roba el tiempo: nos lo devuelve en forma de resumen. El problema es que preferimos quejarnos de la forma en que nos lo sirven en lugar de decidir qué pedimos.

Y ojo, que esto no va solo de redes sociales. ¿Alguien se acuerda de los periódicos de antes? Los de papel, esos que la gente hojeaba en los bares mientras tomaba un cortado. Pues bien, también tenían su algoritmo: el de la portada. Si el periódico decidía que el Real Madrid era el protagonista del día, ¿acaso el lector no podía elegir otra sección? Claro que sí. Pero la gente se quejaba menos. ¿Por qué? Porque asumía que el periódico tenía un criterio editorial, no una inteligencia artificial.

La clave está en entender que los algoritmos no son más que herramientas. Y como toda herramienta, su poder depende de quién la use. Si vosotros solo interactuáis con contenido que os enfada o os distrae, el algoritmo os dará más de lo mismo. Si buscáis diversidad, os la dará. No es magia. Es matemáticas puras: el algoritmo os da lo que vosotros le pedís, aunque sea sin querer.

Así que la próxima vez que os quejéis de que los algoritmos os tienen secuestrados, preguntaros: ¿qué le habéis dado vosotros a cambio? Porque, al final, la burbuja no la crea el algoritmo. La creamos nosotros, cada vez que picamos el anzuelo de un "me gusta" o de un "no me interesa" sin pensar.

Y ahora, una pregunta incómoda: ¿cuántos de vosotros habéis intentado romper el bucle alguna vez? No me refiero a borrar la app, sino a probar algo nuevo. A ver un vídeo de ballet después de años viendo solo partidos de fútbol. O a leer un libro de filosofía después de devorar solo thrillers. Si la respuesta es "ninguno", ya sabéis por dónde empezar.

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