La mentira (casi) perfecta de la estadística política
Los políticos no son los únicos que mienten con estadísticas. Vosotros también caéis en la trampa.
Mirad cualquier debate político en la tele o en redes. Ahí está el tópico: "Los datos no mienten". Pues siento deciros que mentir es su deporte olímpico favorito, y las cifras son su maza. Da igual que sea sobre inflación, desempleo o déficit: los números se estiran, se retuercen y, a veces, se inventan directamente. El problema no es el dato en sí, sino quién lo escoge, cómo se presenta y qué se calla.
Tomad el paro. Un Gobierno lleva meses diciendo que baja la tasa de desempleo. Pero si miráis el empleo temporal y a tiempo parcial, veréis que el 80% de los nuevos contratos son de esos tipos. ¿Es eso bajar el paro? Claramente no. Es maquillarlo. Como cuando un fontanero le pinta la tubería en lugar de arreglarla. El dato es verdad, pero la realidad es otra.
Ahora hablemos de deuda. "Hemos reducido la deuda pública un 5% este año", sueltan. Pero nadie menciona que ese 5% es sobre el PIB, no sobre la deuda total. Si el PIB crece más que la deuda (porque hay inflación, por ejemplo), el porcentaje baja sin que nadie haya hecho nada. Es como inflar un globo: si lo metes en un ascensor en caída libre, parece que vuela, pero sigue siendo el mismo globo. Las estadísticas son relativas, y quien controla el marco de comparación, controla el discurso.
Y luego están los gráficos. Ah, los gráficos. Un político no necesita mentir: basta con elegir el eje Y adecuado. Si la línea sube mucho en poco tiempo, pon el eje Y empezando en el 90. Si baja, hazlo empezar en el 0. De repente, una caída del 2% parece una hecatombe y un crecimiento del 1% parece un milagro. Es como comparar el tamaño de dos cajas de zapatos: una mide 20 cm y la otra 25, pero si pones una foto a 5 metros de distancia, a simple vista parecen iguales.
El colmo es cuando los datos se usan para justificar decisiones impopulares. "Hay que subir los impuestos porque la recaudación ha bajado", dicen. Pero si la recaudación baja porque la gente no tiene dinero para pagar, ¿no sería mejor subir el salario mínimo o crear empleo en serio? Es como decirle a alguien que tiene fiebre que se ponga un jersey: le das vueltas al problema en lugar de arreglarlo.
Al final, las estadísticas son como las armas: útiles si sabes usarlas, pero letales en manos equivocadas. Y hoy por hoy, todos los partidos llevan pistola. La solución no es dejar de creer en los datos, sino cuestionar quién los manipula, cómo y para qué. Porque si os creéis cualquier porcentaje sin mirarlo dos veces, sois cómplices de vuestra propia manipulación.
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