¿Azar o algoritmo? Así nacen los fenómenos virales en series y películas
El éxito viral de una serie no es magia: combina estrategia, timing y algo de suerte. Pero, ¿qué pesa más, el algoritmo o el boca a boca?
Ayer mismo vi cómo un hilo de Twitter arrasaba con solo 300 palabras. Era una crítica airada contra The Bear, la serie de moda. Y lo más curioso: los que la defendían habían visto solo tres episodios. Eso no es cultura, es fuego fatuo: luz que parpadea, atrae y se apaga sin dejar huella. El fenómeno viral en el entretenimiento no se alimenta de calidad, sino de visibilidad. Y ahí está el quid: ¿qué hace que una producción se convierta en ese incendio que todos comentan? ¿El algoritmo de Netflix o el cotilleo en el ascensor?
Hay dos posturas claras en este debate, y ambas tienen razón a medias. La primera dice que el éxito es orgánico: que el boca a boca, el azar y el zeitgeist son los que deciden qué perdura. La segunda defiende que es artificial: que los estudios y plataformas invierten fortunas en marketing y algoritmos para crear modas efímeras. Yo apuesto por un pack de ambas. Pero vayamos por partes.
El algoritmo no crea fenómenos, los acelera
En 2023, Stranger Things volvió con fuerza en su cuarta temporada. ¿Casualidad? No lo creo. Netflix gastó millones en publicidad en redes sociales, pero también en colocar el hashtag #UpsideDown en tendencias. Eso no es magia: es ingeniería. Las plataformas saben que, si logras que la gente hable de tu serie en Twitter, TikTok o en las salas de chat de TrivialChat, el algoritmo de recomendación hará el resto. Porque el algoritmo no elige lo bueno, sino lo comentado. Y eso es un círculo vicioso: se habla de lo que ya se habla. Como los dragones en la cultura pop: House of the Dragon no habría explotado sin el éxito previo de Juego de Tronos, pero una vez en marcha, el algoritmo se cebó con él.
El problema es cuando ese ciclo se rompe. Wednesday fue un éxito inesperado en 2022. No hubo una campaña masiva previa, pero sí un timing perfecto: la nostalgia de los 80, el auge de Tim Burton y el boca a boca en redes. El algoritmo, al ver el crecimiento orgánico, le dio un empujón. Pero ¿y si ese empujón llega tarde? Ahí el fenómeno se desinfla antes de nacer. Como pasó con Sweet Tooth de Netflix: una serie correcta, bien hecha, pero que nadie recordará en dos años porque no hubo chispa inicial.
El boca a boca no es democrático, es tribal
Hay series que triunfan sin gastar un euro en publicidad. Squid Game es el ejemplo perfecto. Netflix ni siquiera la lanzó en Corea del Sur con fuerza, pero el boca a boca lo llenó todo. ¿Por qué? Porque el contenido conectó con algo universal: la desigualdad, el capitalismo salvaje. Pero también porque la gente necesitaba ser parte de algo. En las salas de chat de TrivialChat, los usuarios no solo hablaban de la serie, sino de cómo la veían. Eso crea comunidad. Y la comunidad, a su vez, genera más contenido: memes, teorías, ediciones. El algoritmo no entiende de eso. Solo sabe que si mucha gente habla de algo, debe recomendarlo.
Pero el boca a boca tiene un lado oscuro: es excluyente. Si no perteneces al grupo que celebra un fenómeno, eres un bicho raro. ¿Cuántos de vosotros habéis visto The Rings of Power? Exacto. Porque el boca a boca en Twitter y Reddit se centró en criticarla sin piedad. No importaba si la serie tenía valores técnicos: el algoritmo de la opinión pública la enterró vivo. Y eso es peligroso. Porque al final, lo viral no es lo mejor, sino lo más visible.
¿Y entonces qué hacemos? Tres claves para entender (y sobrevivir) al caos
- El algoritmo premia lo repetido, no lo bueno. Si quieres que una serie triunfe, que la gente hable de ella fuera de las redes. En el ascensor, en el trabajo, en un bar. El algoritmo sigue a la gente, no al revés.
- El boca a boca es tribal, pero no eterno. Si una producción no genera comunidad (no solo likes, sino debates, teorías, memes), se desvanece en semanas. Mirad Cyberpunk: Edgerunners: un éxito fugaz porque no hubo tiempo de construir algo duradero.
- El timing lo es todo. No da igual lanzar una serie en Navidad (The Book of Boba Fett) que en verano (Stranger Things). El calendario marca el ritmo. Y los estudios lo saben.
Esto nos lleva a una pregunta incómoda: ¿existen hoy las obras maestras en el cine y las series? O, mejor dicho: ¿las dejamos vivir? Porque el problema no es que no haya contenido bueno, sino que el sistema filtra lo rentable, no lo valioso. ¿Recordaréis dentro de cinco años The Crown? Yo no. Pero seguro que os acordáis de Wednesday. No por su calidad, sino por cómo la consumimos.
En el fondo, el fenómeno viral es como el fuego griego de la cultura pop: arde rápido, ilumina mucho y deja poco rastro. Y eso, amigos, es la triste paradoja. Porque al final, lo que triunfa no es lo que merece la pena, sino lo que sabe a trending topic.
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